La arquitectura producto de las relaciones sociales

Por Silvia Garcia

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, por que no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones.” Octavio Paz

La constante en arquitectura ha sido que ésta cumple con las necesidades básicas de la sociedad. El ser humano siendo un ente gregario y necesitado de establecer relaciones busca y crea los espacios necesarios para que las mismas se den: parques, casas, centros comerciales, iglesias… todos son creados pensando en los vínculos establecidos entre sus usuarios.

Dentro de ese proceso de socialización se ha establecido a través del tiempo diferentes sistemas de comunicaciones, influyendo y ordenando la relación de los espacios arquitectónicos tanto en la ciudad como en la intimidad habitacional. Desde la correspondencia epistolar victoriana que confinaba a una habitación tal actividad, pasando por el teléfono público que diversificó el espacio urbano y llegando últimamente a las redes sociales con necesidades espaciales mínimas.

Para emplear un ejemplo específico y fácil de entender tomaremos la casa como modelo para desarrollar las causas del vínculo arquitectura-relaciones sociales. La morada como ente social aparece en la línea de tiempo humana en la pre historia, donde el fuego, esa hoguera (hogar) se mantenía en el centro mismo del emplazamiento, siendo al mismo tiempo protector y creador. A través de las eras diferentes civilizaciones fueron re diseñando y modificando la configuración espacial producto de sus relaciones sociales: la casa egipcia ya incorporaba una cocina como concepto propiamente dicho, la antigua China integra jardines interiores en sus moradas y finalmente los romanos, principales influyentes de la casa como la conocemos hoy, definen espacios que aún conservamos como la sala, el comedor y los espacios público-privados.

Distribución de espacios en casa de habitación convencional

La casa y su distribución típica representa claramente el sistema de relaciones interpersonales del habitante promedio, con funciones específicas para ciertas acciones acorde al típico pensamiento y actuar lineal del morador, continuando con la dinámica social establecida por años ya, donde lo “normal” es recibir visitas en la sala, dormir en las habitaciones, el jardín se encuentra fuera de los muros principales y la cocina aún continúa en el centro del hogar.

La verdadera transformación espacial se empieza a dar con la necesidad impuesta por el alza demográfica y la pérdida de terreno horizontal construíble, derivando en la optimización del espacio y las construcciones en altura, con multifamiliares y apartamentos, alterando para siempre el concepto de casa y en especial las relaciones de sus moradores.

Multifamiliar

Las funciones y las formas debieron adaptarse a esta nueva manera de convivir, donde  la sala era también habitación, la cocina desdobló su función en comedor y el jardín se transfiguró en una ventana con vista a las alturas. Las relaciones se transformaron con el espacio: ahora era bien visto recibir visitas en el mismo lugar en que se encontraba la cama, que bien podía esconderse en un vano en la pared y lavar la ropa en el mismo espacio del baño.

Estos cambios flexibilizaron no solo la volumetría habitacional sino las relaciones, y abrieron las puertas a propuestas espaciales tan contemporáneas como casas de 20m2 con todos sus componentes originales pero adaptados al nuevo orden o las famosas cápsulas japonesas completamente equipadas y adecuadas a las necesidades del usuario con última tecnología.

Torre de cápsulas Nakagin

Es impensable imaginar el desarrollo de la arquitectura desde tiempos antiguos hasta el siglo XXI sin considerar las relaciones sociales de sus principales destinatarios. Sería incoherente con la misma premisa de la arquitectura, que es solventar problemas y generar espacios para el ser humano.

Es imprescindible para el diseñador contemporáneo analizar no solo las relaciones específicas y actuales, sino también las memorias colectivas y los cambios que suceden en el inmediato para articular adecuadamente su obra con la sociedad a la que está dirigida. Al mismo tiempo debe aprender a canalizar tanto las relaciones pasadas como presentes para vaticinar las futuras, permitiendo un entendimiento global del momento en el que se encuentre a la hora de crear un espacio en equilibrio entre el ser humano y arquitectura.

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