Oscar Niemeyer: el trazo y la curva

Por Silvia Garcia

“[Ustedes] pueden ver los palacios de Brasilia, pueden gustarles o no; pero nunca podrán decir que han visto algo igual”

Así se refería Oscar Niemeyer a la ciudad que había nacido de su singular e incomparable trazo, y reunía en una palabra la síntesis de su arquitectura: inigualable.

Primeros años

Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho nació el 15 de diciembre de 1907 en el acomodado barrio de Larangeiras en Río de Janeiro, donde se vió profundamente influenciado por los ideales de su abuelo, Ribeiro de Almeida, quién fuera jurista y ministro del Tribunal Supremo Federal.

Se inicia trabajando en el negocio de tipografía de su padre, y en 1929 ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad Federal de Río de Janeiro donde egresa en 1934 con el título de arquitecto e ingeniero.

Ingresa como aprendíz en el estudio de Lúcio Costa y Carlos Leão y en 1936 forma parte del grupo conformado para proyectar el nuevo edificio del Ministerio de Educación y Salud; donde conoce a Le Corbusier, quien nutre al joven de los ideales del Movimiento Moderno; mismos que posteriormente asimilaría llevándolos a una mayor libertad plástica, más acorde con la naturaleza de la región y del mismo Niemeyer.

Entre Le Corbusier y JK

Es en 1940 que se da un encuentro fundamental entre el arquitecto y el entonces alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, JK; quien le brinda su primera oportunidad individual de renombre, con la proyección del Conjunto Arquitectónico de Pampulha, el cual le permite a Niemeyer experimentar con una nueva clase de arquitectura: una que se contrapone a la rigidez y purismo de la norma moderna. Como él mismo explicaría: “Con la obra de Pampulha el vocabulário plástico de mi arquitectura, un juego inspirado de rectas y curvas, se comenzó a definir”.

Para 1946 su nombre ya es conocido y un año despúes logra reconocimiento internacional al ganar el concurso junto con Le Corbusier para proyectar el edificio sede de las Naciones Unidas en New York; y es desde esta época hasta mediados de 1950 que Niemeyer transcurre por una fase de experimentación material y plástica; fromalizando una arquitectura propia nutrida de ideales humanistas y modernos. Dentro de este período se destacan el Centro Técnico de la Aeronáutica, el Conjunto de Ibirapuera en Sao Paulo, el Edificio Copan, la Biblioteca Pública Luiz de Bessa a pedido nuevamente de JK y la propia residencia de Niemeyer, Casa das Canoas en Río, en la cual recibía a amigos entre los que se contaba a los más importantes artistas e intelectuales de la época: Jorge Amado, Oswald de Andrade y Tarsila do Amaral entre muchos.

Brasilia

El año de 1956 sería decisivo en la vida del arquitecto, cuando el recién presidente electo Kubitschek decidió construir una ciudad que alojara a la nueva capital del país. Brasilia nació de la mano de Lúcio Costa, encargado de la propuesta urbanística desarrollada con base en la Carta de Atenas 2 y del mismo Niemeyer, quien se encargó de la proyección de los edificios públicos.

La ciudad debía construirse a ritmo acelerado para cumplir con el período presidencial, y se presentó como símbolo del modelo de desarrollo y vitalidad que deseaba proyectar Brasil al mundo: modernidad, orden y progreso. Niemeyer se enfrentó al reto de hacer realidad en tiempo récord edificios como el Palacio de la Alvorada, el Palacio del Planalto, el Ministerio de Justicia, el Palacio Itamaraty, la Plaza de los Tres Poderes y la Catedral de Brasilia, entre otros.

La arquitectura que presentó en la nueva capital esta marcada por una simplificación de las formas, el equilibrio, la ligereza y un necesario carácter monumental, siempre de la mano de la expresión escultorica tan característica de su obra. Sobre la ciudad y su lenguaje se refiere: “Fue en Brasilia que mi arquitectura se hizo más libre y rigurosa. Libre, en el sentido de la forma plástica; rigurosa, por la preocupación de mantenerla en perímetros regulares y definidos”.

Exilio e internalización de su arquitectura

Brasilia se inauguró en 1960 y para 1964 el país cae bajo el régimen militar que permanecería por 21 años en el poder; lo que obliga a un  Niemeyer firmemente comunista a exiliarse en París, lo que le permite internacionalizar su trabajo con obras en diferentes regiones como lo son la Universidad de Constantine en Argelia, la sede de la Editorial Modadori en Italia, en Francia la sede del Partido Comunista, la Bolsa de Trabajo de Bobigny y el Centro Cultural de le Havre y la Mezquita Estatal de Penang en Malasia.

Regreso al Brasil hasta el presente

Regresa a su país al finalizar el período de dictaduras en los años 80 y entra en una de las fases más productivas de su carrera con construcciones como el Memorial a JK en 1981; el Memorial de America Latina en 1987;  la Terminal de Londrina en 1988; el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi en 1991; el Museo Oscar Niemeyer en 2002; el Auditorio de Ibirapuera en 2005; el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer en España en 2007 y la Ciudad Administrativa de Minas Gerais en 2010.

En 1988 se creó la Fundación Oscar Niemeyer, la cual se encarga del resguardo y preservación de los más de 500 trabajos del arquitecto entre los que se cuentan obras construidas, diseños, esculturas, libros y demás; la Fundación también funge como un centro de información y difusión de la arquitectura, urbanismo, diseño y artes plásticas, con la intención de la preservación de la memoria y el patrimonio arquitectónico moderno del Brasil.

Legado

Este 05 de diciembre de 2012 Oscar Niemeyer falleció después de 104 años de vida, trabajando constantemente hasta los 103, asistiendo a su oficina en Copacabana diariamente; su vida fue tan libre como las líneas que componen su obra y tan significativa por la belleza que aportó a este mundo, el cual quería mejorar a punta de lo que mejor sabía hacer.

Fue innovador y provocador indiscutible, redefiniendo las líneas modernas con las sensuales curvas que moldeaba en sus trazos, trabajó con la incansable lucidez de quien sueña un mundo más justo y más hermoso; fue protagonista indiscutible durante un siglo y su monumental obra ha sido criticada y alabada, pero nunca podrá ser ignorada.

El Maestro nos deja hoy con la tranquilidad de saber su obra realizada y una existencia plena y como él mismo dijo: “La vida es un soplo. Lo que importa, mientras estamos aquí, es la vida, la gente. Abrazar a los amigos, vivir feliz. Cambiar el mundo. Y nada más”

Y el mundo jamás fue el mismo después de Niemeyer.

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